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miriam619

Miram
Sanchez

Estaba desesperada, me di cuenta de que me estaba convirtiendo en una enferma, una desquiciada, no puede ser normal que una chica se masturbe el ano insaciablemente. Sí, seguramente era una enferma, pero no me importaba, de hecho aún no me importa.

Mis senos eran unas protuberancias preciosas de piel tersa y clara que rebotaban un poco cuando daba pequeños brincos frente al espejo, mis pezones eran pequeños y se ponían duros cuando me rozaba la vagina al bañarme, mis labios eran carnosos y muy provocativos pero mi ano era otra cosa, se formó una leve sombra al rededor del orificio, supongo que eso pasa cuando lo dilatas de forma antinatural con tres de tus dedos.

No quise seguir viendo la película sin encontrar algo grueso que pudiera meter en mi ano mientras tanto, entonces empecé mi búsqueda una tarde en que mi madre se fue dejándome sola casi hasta las 8 de la noche y apenas eran las 2 de la tarde, tenía 6 horas para jugar conmigo misma. Fui al baño para preparar mi ano, ya estaba bastante acostumbrada a realizarme enemas antes de tal práctica. Estando allí encontré un recipiente de fijador para el cabello, me pareció perfecto y al terminar con la limpieza, fui por la vaselina que compré con mis ahorros y puse bastante en mi culo y en el recipiente. Una vez hube frotado el objeto con mis manos lisas me di cuenta de lo grueso que era. "No va a caber", pero lo acerqué apoyando su base en mi agujero e hice un poco de presión, imposible. Entonces metí mis dedos varias veces intentando dilatarlo para hacer espacio, los saqué rápidamente, acerqué el tarro, hice presión, nada, un poco más, nada, más, me empezó a doler el coxis y lo descarté, lo limpié y lo devolví a su lugar. Lo único que hice fue ilusionar a mi pobre culo dejándolo con más hambre de la que tenía.

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Vi mi cepillo de dientes cerca al lavamanos, lo tomé y, sabiendo que iba a entrar fácilmente ni siquiera me preocupé por lubricarlo, solo pasé mi lengua por el mango y pronto lo clavé allí, a donde pertenecen todos los objetos del hogar, con forma fálica. Tenía unas pequeñas estrías que hacían fricción con los esfínteres. Daban una sensación de locura desenfrenada, aceleré el ritmo como una demente y de repente recordé la película. Dejé el cepillo dentro de mí y corrí a ponerla en el reproductor. La sensación del objeto dentro mientras corría me puso a millón, sentí un enorme deseo de agarrar mis tetas y acariciarlas, apretarlas mientras caminaba por toda la casa innecesariamente y la película empezaba. La reproduje desde el momento en el que la dejé antes. La verga terminó de eyacular en la boca de mi heroína, el hombre exhaló un gemido gutural delicioso y de la nada apareció otra mujer que se le fue encima a ella para absorber con su boca el semen que resbalaba por su cara.

De inmediato empezó otra escena, con diálogos largos y aburridos y besos, mamadas, tetas, vergas inmensas y apetitosas, culos exuberantes. Aceleré la velocidad de reproducción y pasé mucho rato viendo escenas de sexo convencional en cámara rápida. Cuando, por fin, un culo preparándose para ser penetrado, le di play, la verga se introdujo y entraba y salía despacio por unos minutos. Fue excelente para empezar con mi juego. Tendí una sábana en el suelo y me acosté de lado, toqué el ano con mi dedo para asegurarme de que no estaba seco y abrí paso a mi nuevo amigo, el cepillo. Lo introduje suave y pronto empecé a imitar los movimientos de la verga en el ano de una rubia de senos grandísimos. Yo tocaba los míos con una mano y movía el cepillo con la otra. Me retorcía, era como una serpiente que se arrastra por el suelo, mi vagina chorreaba un líquido caliente que tomaba con la mano y aplicaba sobre mi pubis y mi abdomen. A veces se me cerraban los ojos y las piernas me temblaban, era delicioso. Empecé a sentir deseos de ir al baño, pero ya los conocía, después de un rato el ano empieza a intentar expulsar el objeto intrusivo, pero es entonces cuando se siente el verdadero placer, el abdomen se pone tenso, el esfínter externo se dilata mientras el interno es contrae, el rostro hace muecas de placer. Noté que hacía los mismos gestos de la chica que vi en televisión hacía 7 años, como si me doliera la vida, pero en realidad la amaba en ese momento. Los dedos de mis pies se torcían y yo seguía viendo la pantalla y moviendo el cepillo en mi interior. Me puse sobre mi espalda y lenvanté mis piernas, me moría por ver si mi ano se veía apenas parecido al de las chicas que había visto.

Fui al baño por un espejo ideal para lo que quería, lo apoyé contra una silla y volví a la posición, veía mi vagina rebosante de mis fluidos y al fondo mi culo en el espejo. Ciertamente se veían las marcas de la dilatación, pero no se quedaba abierto como el de la rubia cuando sacaba el cepillo. No importaba, era solo cuestión de tiempo.

En la pantalla, el hombre sacó su gran pene del culo de la rubia, tomó a otra por la espalda y la sentó sobre su regazo buscando su ano para introducirlo de nuevo. Lo logró. Este plano dejaba ver mejores detalles de la penetracón, entonces yo, muerta de deseo, fui a mi habitación y encontré un desodorante pequeño que alguien como yo siempre ha deseado meterse en el culo, solo no sé por qué no lo hice antes. Volví a la sábana, estaba mojada en exceso. Apliqué vaselina al desodorante y lo intenté, no entraba, presioné un poco, se deslizaba, pero parecía que no iba a pasar el segundo esfínter, me relajé y presioné un poco más, lo estaba logrando. Empezó a doler un poco, entonces la chica empezó a gemir más fuerte y la cámara hizo un primer plano de lo que estaba pasando allí abajo. No me aguanté y presioné más. Entró a la fuerza y luego se deslizó hasta el fondo. Entonces, igual que hacía un año, pero esta vez con total libertad, grité "¡AHHHHHHAHAH HIJO DE PUTA!" Me quedé quieta, paralizada con el desodorante adentro, de reojo pude ver en el espejo el extremo que asomaba por mi agujero rojo y maltratado. Apreté las nalgas con todas mis fuerzas, temblaba, retorcía mis pies, mis manos, mis ojos, mi boca, brotaron lágrimas de mis ojos y sollozaba tiernamente mientras la chica de la pantalla gemía con locura. En pocos segundos me repuse, el dolor se convirtió en placer, entonces empecé a jugar con mi clítoris, acariciba los labios de mi vagina, saboreaba mis dedos con locura saboreando mis fluidos y empapándolos de saliva que terminaría de nuevo en entre mis piernas. Estando boca arriba, deslizaba ambas manos por mi adbodmen, bajaba por mis piernas húmedas, hasta las rodillas mmm, qué rico, delicioso, mi piel suave y mojada por los líquidos que expulsa mi cuerpo. El sudor se escabullía por mi cuero cabelludo y terminaba por empapar mi cabello. Subía mis manos por la parte posterior de las rodillas, llegaba a mis nalgas, las apretaba con fuerza, clavaba un poco mis unas en ellas. Quise sentirlo de nuevo, entonces expulsé el desodorante, estaba demasiado caliente y húmedo. Mi ano empezó a parecerse al de la chica que gemía, lo cual me motivó a tal extremo que sin lubricación extra empujé el desodorante de nuevo en mi ano. Entró bastante fácil y ahora no me dolió. Empecé a jugar con él, lo empujaba hasta que solo se veía un punto de color blanco en el fondo de mi ano, que se veía precioso en el espejo, y luego lo expulsaba. Me encantaba verlo salir. Aún lo hago con objetos un poco más grandes o comida.

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